La revolución delirante

Cuando empecé mis primeras prácticas del grado de psicología, las hice en una unidad de agudos en un hospital, más concretamente, en el Hospital Universitario de Salamanca. Allí conocí gente maravillosa que me empoderó un poco como terapeuta y profesional. Que permitió que extendiera mis alas e izara el vuelo. Paradójicamente, traté mucho más con psiquiatras que con psicólogos, lo que también fue muy enriquecedor.

A lo que iba, que me despisto. En aquel periodo conocí a una residente PIR de segundo año, Ángela, que un día me habló de algo llamado la Revolución Delirante. Eran unas jornadas para jóvenes profesionales de la salud mental. Además, se iban a celebrar próximamente así que me invitó a ir con ella y sus compañeras. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Lo que me mostró Ángela con aquel congreso fue un modelo alternativo de cuidados y autocuidado. Algo que no se enseña en las facultades ni en la mayoría de los centros de prácticas.

En ese encuentro aprendí que quien mejor se conoce es uno mismo y que por eso, nosotros, los profesionales, somos solo acompañantes de aquellos que nos lo piden. Acompañantes en SU proceso, con el que tenemos que ser sumamente respetuosos y comprensivos.

En estas jornadas, los protagonistas no somos nosotros, son aquellos valientes que muestran y exponen, con diagnóstico o no, con sus fortalezas y debilidades, su malestar psíquico.

Este año, están a punto de comenzar tras el parón por el COVID y serán el 15 y 16 de octubre en Valladolid, también con posibilidad de seguirlas online. Un año más, estaré presente y muy atenta a todo lo que voy a aprender. ¿Nos vemos allí?